SALVADOREÑOS ¿SOMOS TOLERANTES?

Gabriea Vélis

Cada 16 de noviembre, la Organización de las Naciones Unidas celebra el Día Internacional para la Tolerancia. Este concepto es definido por el Diccionario de la Lengua Española como “Respeto a las ideas, creencias o prácticas de los demás cuando son diferentes o contrarias a las propias”.

¿Cómo expresamos la tolerancia en El Salvador? ¿En qué medida respetamos las formas en que otras personas eligen ver o vivir el mundo sin considerarnos superiores debido a nuestras propias creencias o prácticas? ¿Cómo garantizamos el derecho a creer, a pensar, a SER de la otra persona en el contexto de un Estado de derecho?

Cuando he tenido conversaciones en espacios de diálogo intercultural e interreligioso sobre el tema de la tolerancia, es común que el tema lleve a la conclusión de que “tolerar” no es suficiente porque implica aguantar con resignación, soportar la existencia del otro o de la otra, lleva implícito un sentimiento de superioridad moral, de juicio, de crítica o indulgencia. Sin embargo yo creo que la tolerancia, si bien puede limitarse a este nivel mínimo de convivencia social, es una virtud necesaria en su carácter transicional, aun cuando no sea suficiente, porque extiende sus beneficios como un puente que nos ayuda a transitar del lado del odio por el que es distinto al amor hacia la humanidad, del lado de la guerra contra el enemigo a la paz y la hermandad; en definitiva, de la idea de la otredad a la conciencia de la unidad.

La ayuda mutua y la cooperación son la forma natural de ser. La naturaleza descansa en el paradigma del mutualismo y no del conflicto: La vida misma depende de la unidad. La humanidad ya tiene ganada la capacidad de reconocer su interdependencia entre la tierra, sus seres vivos y los otros seres humanos que construyen su sistema, los pueblos originarios son una prueba de que esa forma de vida es posible. Las leyes, tratados y convenios para garantizar el respeto a las ideas y formas de vida de los demás son necesarios para toda sociedad pero no tendrán su valor pleno mientras no se trabaje, al mismo tiempo, por una transformación en el plano individual.

Un Día más para la tolerancia nos invita a responder cómo instalamos el concepto de la tolerancia en nuestras relaciones personales y transacciones cotidianas con un enfoque de unidad y solidaridad.