Santa Ana: las inundaciones del desarrollo  

 

Elías Córdova y Joel Arriola

 

El pasado miércoles tres de mayo, fuimos testigos de una magna inundación en el centro histórico de Santa Ana y sus alrededores. Vehículos dañados (incluida una patrulla policial), viviendas y negocios afectados, fue el resultado más notorio de este fenómeno; las personas que se movilizaban, ya sea a pie, en vehículos propios, o en el transporte colectivo, también resultaron perjudicadas[1].

La opinión de la mayoría de la población sobre las causas de esta inundación gira, aparentemente, en torno a la cultura de lanzar cualquier tipo de desecho en las calles, aceras y tragantes de la ciudad, versión que el mismo alcalde de la ciudad, Mario Moreira, sostiene[2].

 

En ese sentido, si bien esta práctica de la ciudadanía nos parece, a simple vista, parte del origen del problema, sobre la cual, de hecho, se debería de actuar, existen otros factores subyacentes, tomando en cuenta que la práctica de lanzar basura a la calle es, ciertamente, un hábito muy generalizado entre la población salvadoreña.

 

Al respecto preguntémonos, ¿Por qué en la ciudad de Santa Ana vienen ocurriendo, últimamente (desde el 2013-2014 en adelante), una serie de inundaciones antes no vistas, al menos no tan a menudo? ¿Será nada más un fenómeno natural? ¿Qué factores están incidiendo para que ocurran estas inundaciones?

 

Tratar de responder a estas preguntas, tomando en cuenta que no es primera vez que se inunda la ciudad (ya en septiembre del 2014[3] ocurrió un percance similar, el cual, por cierto, no provocó reacción alguna en nuestras autoridades locales –Alcaldía Municipal– y nacionales –Ministerio de Medio Ambiente–), implica recordar: a) qué es lo que ha pasado en los últimos años en Santa Ana y, b) qué es lo que sucede actualmente, principalmente en materia de planificación territorial y en términos de mitigación y adaptación al cambio climático.

 

Al respecto, es preciso recordar, en primer lugar, que, desde finales del siglo pasado hasta la actualidad, se han ido alternando en la administración de la Alcaldía Municipal, representantes del partido FMLN, PDC y ARENA. Es posible (de hecho, muy probable) que está situación explique el por qué no se ha planificado, a largo plazo, el desarrollo territorial de la ciudad (o, mejor dicho, se ha planificado para las estanterías: los planes simplemente no se ejecutan)

 

Tal como dice la presidenta de la Fundación Ambientalista de Santa Ana (FUNDASAN), Carmen Martínez:

 

“Una de las razones de las inundaciones [del 24 de septiembre de 2014] en algunas zonas de la ciudad es porque se construyó [infraestructura] en sitios de infiltración del agua. Eso ha obligado a que el agua recorra, por gravedad, a través del pavimento, hacia la zona baja de Santa Ana [las zonas donde habitan, principalmente, los sectores populares de la ciudad]. Estos sitios eran protegidos por el Plan Maestro de Desarrollo Urbano [PLAMADUR], que elaboraron consultores españoles para la ciudad entre los años de 1996 y 1998. Este definía las áreas destinadas a la construcción de viviendas y las que se tenían que conservar, entre otras recomendaciones”[1]

Es evidente que el PLAMADUR, elaborado a finales del siglo pasado, no se ejecutó por las administraciones posteriores y, lejos de ello, la deforestación y el deterioro ambiental en las zonas que precisamente se recomendaba proteger, se ha incrementado. Es así como pequeñas fincas y ex-fincas de café, que con el paso de los años (y del boom cafetalero), se volvieron bosques, han sido devastadas por la construcción de residenciales, carreteras y centros comerciales (llevadas a cabo, en parte, por la administración pública, pero principalmente por el gran capital de la construcción).

 

Es el caso, por ejemplo, de la construcción de la segunda etapa de Metrocentro. El proyecto de ampliación se inició el año pasado, precisamente, sobre la base de una de las pocas zonas con relativa abundante vegetación y filtración natural de agua, al sur de la ciudad. Se ha señalado, además, que el territorio ocupado por la segunda etapa de Metrocentro, podría ser un sitio con restos arqueológicos.

 

La ampliación de Metrocentro, un proyecto del Grupo Roble (conglomerado empresarial de una de las familias oligárquicas del país: los Poma), fue aprobado por la administración municipal encabezada por Mario Moreira (ARENA), pero no debe dejar de decirse que, en realidad, este proyecto no representa sino la coronación de un amplio proceso de devastación de buena parte de la zona sur de Santa Ana. Las administraciones municipales de los partidos ya mencionados, junto a los organismos gubernamentales correspondientes, han participado (en mayor o menor medida, con mayor o menor entusiasmo) otorgando los permisos correspondientes para el deterioro de las áreas naturales de la zona sur de la ciudad.

 

En ese sentido, y tomando en cuenta lo que ha sucedido en los últimos años, es cuestionable el concepto de desarrollo que ha prevalecido en las autoridades municipales (y nacionales) que se han ido turnando en la alcaldía y, por qué no decir, en el actual consejo municipal, que desde el 2015 es de carácter plural. El mismo juicio es válido para el sentido común de la población santaneca en general: ciertamente, los habitantes de la ciudad muestran una gran indiferencia hacia este tipo de conflictos socioambientales.

Nos parece, tal como dice el compañero agroecólogo Oscar Alemán, que:

“La perspectiva lineal del desarrollo, ha propiciado que el cambio climático, el proceso natural de la Tierra, se haya acelerado irremediablemente durante los últimos 60 años. A la Tierra se le ha explotado, se le ha saqueado, se han desequilibrado ecosistemas, se han contaminado y agotado fuentes hídricas, se han emitido gases tóxicos a la atmósfera, se han deforestado millones de hectáreas de bosque, se ha aumentado la temperatura de la Tierra y la lista pudiese ser más larga si se determinan los problemas sociales que se han acrecentado derivados de estos problemas ambientales mencionados”[4].

Es decir, el mismo ser humano ha sido y es el principal causante de que el cambio climático y el consecuente calentamiento global vaya en incremento. La idea del desarrollo como un proceso lineal en el cual los países “subdesarrollados” imitamos el “desarrollo” de los países industrializados, debería de ser cuestionable desde ya, si no queremos seguir siendo testigos y/o víctimas de fenómenos como las inundaciones recientes.

Las autoridades municipales, entonces, en lugar de echarle la culpa (solo) a actores como el gobierno, a las pasadas administraciones y a la población en general, (a) deberían de preocuparse seriamente por llevar a cabo campañas de concientización para evitar que la población continúe esta nociva práctica de arrojar desechos al aire libre, etc., y por involucrar en todas estas actividades a otros actores del municipio y del país (ONG’s, universidades, escuelas, etc.), pero (b), principalmente, se debería ejecutar un plan de ordenamiento territorial destinado a parar la degradación ambiental, lo que implica, en primer lugar, ponerle un alto al avance voraz del capital de la construcción en el país.

 

[1] En el siguiente enlace el lector/lectora encontrará una serie de videos y fotografías que muestran los efectos de esta inundación: http://santaanadigital.com/2017/05/03/video-otra-vez-las-calles-de-santa-ana-inundadas-por-fuerte-tormenta/

[2] “Nuestra gente ocupa los tragantes como basurero” dice el alcalde ingeniero Mario Moreira.

http://santaanadigital.com/2017/05/04/alcalde-mario-moreira-nuestra-gente-ocupa-los-tragantes-como-basurero/

[3]Una nota sobre este hecho se encuentra en: http://www.laprensagrafica.com/2014/09/24/centro-de-santa-ana-inundado-por-lluvias-de-esta-tarde

[4] http://www.voicesofyouth.org/es/posts/cambiemos-el-sistema-no-el-clima