Si el Estado no asume, luchemos todos por la paz.

Jorge castillo

Politólogo

La paz es un peso que debemos cargar todos, por tanto, requiere que todos los que creemos en ella, asumamos la tarea de alcanzarla. Oportuno es, entonces, recordar a un gran hombre como Mahatma Gandhi, quien siempre vivió por lo que creía, no por lo que veía. Al referirse a la paz decía con vigorosa convicción: “No hay camino para la paz, la paz es el camino”. Los mismos evangelios se encargan de poner en un sitial de preeminencia a quienes se esfuercen por conseguirla. “Bienaventurados los que procuran la paz, pues ellos serán llamados hijos de Dios”, dice con meridiana claridad San Mateo. No obstante, para alcanzar la paz se requiere que concurran varios elementos. Veamos algunos.

1º) Sinceridad. Quienes asuman la conducción de semejante misión, deberán tener limpieza de corazón. Despojarse de los odios que durante décadas se han venido acumulando en nuestra sociedad, resultará imperativo para superar la polarizante división que la carcome e impide su desarrollo. A veces, pareciera que los salvadoreños hemos perdido la fe de poder salir de este gran problema.

2º) Claridad. Un nuevo pacto social por la paz no será como el de 1992, firmado solo por el gobierno y la insurgencia. Hoy en día, será la sociedad en su conjunto, la que deberá acordar la paz. Será desde abajo y desde adentro. Quienes desarrollamos la batalla intelectual orientadora, estamos en el inexcusable deber de machacar que no existe un primero, segundo o tercer El Salvador. Solo hay uno. Tampoco existe aquello de que si no hay revolución habrá muerte. Nada de eso opera hoy en día. Nada.

3º) Desafío. Un nuevo pacto social será desafiante para los actores involucrados en potenciarlo. El Sistema de Naciones Unidas se jugará, una vez más, su prestigio. La clase política tendrá la oportunidad de reinventarse, reivindicarse y rescatar la credibilidad perdida. Por ello, ni las campañas electorales, ni las elecciones del 2018 y del 2019, no tienen por qué impedir el diálogo por la paz, a menos que éste sea utilizado con fines puramente electoreros. Las organizaciones de la sociedad civil, especialmente las constructivas, propositivas y positivas, junto a la juventud convocada, tendrán su mejor chance para aportar. Para la intelectualidad multidisciplinaria, será el marco propicio para demostrar que no solo critica desde la comodidad, sino que propone con creatividad.

4º) Solidaridad. Las élites económicas, que durante décadas han impulsado modelos económicos no equitativos, generadores de conflictividad socio-política, deberán dar pasos audaces, valientes e impregnados de muchísimo humanismo. Se trata de potenciar la solidaridad hacia quienes históricamente hicieron posible la acumulación de su riqueza. Las élites deben aceptar -con humildad- que fue por la ausencia de equidad que el tejido social más frágil quedó rezagado de los beneficios que obtuvieron y retuvieron aquellas élites. Jamás deben olvidar que eso, junto a la exclusión e imposición política, fraude electoral y represión policial-militar, detonaron la pasada guerra civil.

5º) Buen gobierno. Al contrastar la efectividad de las políticas públicas implementadas en el último trienio con la calidad de vida de la gente, hay claros y hay oscuros que superar. Alcanzar la paz requiere tomar conciencia de eso. No recorrer el tortuoso camino de lo económico y social fue la  deuda de Chapultepec, por cierto, una deuda comprensible, ya que si el tema se hubiese abordado, por su dimensión a lo mejor aún no tendríamos un Acuerdo de Paz. Pero también debe decirse, que no se puede acabar con la pobreza exterminando a los ricos, manteniendo un asistencialismo eterno o robando los dineros públicos. Por tanto, el buen gobierno será, en última instancia, el resultado de la paz y el medio para preservarla será dar chance a la institucionalidad para que funcione.

Llegó la hora de aterrizar y ponerle acción a las palabras de los discursos escuchados la semana pasada. Trabajemos por la paz, porque la paz es el camino.