Si hay corruptos es porque hay gente que los consciente y premia

Juan José Monsant Aristimuño

 Ex embajador venezolano en El Salvador

 La Guardia Civil allanó e intervino la sede de la Federación Española de Fútbol y detuvo a su Presidente Angel María Villar, a su hijo Gorka, al Vicepresidente y al Secretario de la Federación Tinerfeña, Ramón Hernández. Fue una operación anticorrupción que se viene llevando a cabo desde hace algunos años que ha tocado a la realeza, iconos del canto, del toreo, del mundo empresarial, sindical, gubernamental y, de la política, actual y pasada.

La primera vez que me llamó la atención para hacerle seguimiento al tema en España, fue a raíz de una entrevista que le hicieron a la enigmática y gallarda jueza de Sevilla, Mercedes Alaya, a quien le tocó conocer el llamado Caso ERE, relacionado con la Junta de Andalucía controlada por el PSOE desde 1980, el cual destapó una red de corrupción relacionada con venta de terrenos, prejubilaciones, comisiones, contratos y cargos inexistentes.De la jueza Alaya me llamó la atención su imperturbable comportamiento ante el caso que le tocó conocer, sometido a la curiosidad de los medios de comunicación, a los que evadía, hasta donde podía, puesto que la información es uno de los derechos fundamentales del ciudadano, ligado a la transparencia, inherente a la democracia, y no podía ignorarlos. Pero de su vida privada y de su magisterio no le sacaban una palabra, como debe ser. Mas fue inevitable convertirse en sujeto de curiosidad popular y escrutinio del gobierno, por el hecho de enfrentarse al estamento político más poderoso del momento, el PSOE y, luego, al no menos influyente Partido Popular.

Hoy la corrupción se ha convertido en el mayor peligro para la existencia de la democracia como sistema de convivencia ciudadana. Al hablar de corrupción nos referimos a lo que genéricamente se denomina “pública”, porque se genera desde la misma entraña del Estado, del gobierno, de los funcionarios que administran el patrimonio nacional y, desde esa posición, obtienen un provecho económico para sí, un “enriquecimiento ilícito”. La repulsa que provoca es causada porque ese dinero substraído conlleva la carencia de un bien necesario para la comunidad, a quien le pertenece.

Desde esta perspectiva, no debemos pasar por alto que “cada funcionario corrupto supone la presencia de un particular corrupto”, de allí que la sanción moral, el control social ha sido prácticamente inexistente, y socialmente aceptado el origen mal habido de la riqueza que se exhibe. En realidad, se establece una sociedad de cómplices que ha venido destruyendo la fe en las instituciones públicas, y en el estamento político; siendo que es, en su esencia, un problema de ética y de moral individual.

No hay caso, está comprobado por los resultados, que junto al narcotráfico, la corrupción está devastando la fe en las instituciones, diluyendo las sociedades o sumiéndolas en la indiferencia; abriendo paso a soluciones aventuradas que normalmente terminan en tiranías o en estados fallidos o forajidos, como lamentablemente sucede en Venezuela, Haití o Somalia.

Guatemala, Brasil, Panamá, Costa Rica, Honduras, Argentina, Perú, Brasil, México, El Salvador.

Prácticamente todos los países de América Latina, han sucumbido ante este flagelo que se encuentra íntimamente ligado a dos fenómenos: el subdesarrollo y la impunidad; la ausencia de transparencia, el manoseo del orden jurídico y ético.

De allí que haya causado alarma y asombro la decisión tomada por mayoría absoluta de la Asamblea Legislativa de El Salvador de suavizar, eliminar el sentido de la sanción de los delitos de corrupción, inexplicable en este entorno. Fue como incentivar a la sociedad a continuar cometiéndolo, asumiendo como patrimonio cultural nacional la corrupción, a través de la reforma a la Ley de Extinción de Dominio, en los términos que se hizo.