Sin gañanes, el país que sí queremos

 

Ricardo Antonio Ibarra

Es inconcebible que en un país tan pequeño y con escasos recursos se den el lujo algunos funcionarios de recetarse sobresueldos y que eso parezca tan natural y normal, mientras en las calles de nuestras ciudades se encuentran tantos niños pidiendo limosna y ancianos mendigando, así como hospitales que carecen de camas y medicinas para atender a los pacientes.

Además de los sobresueldos de los empleados privilegiados, también existen muchos males que son conocidos por toda la ciudadanía los cuales deben de corregirse.

Si en nuestros país los recursos que se han canalizado desde hace muchas décadas se hubieran administrado de una manera transparente y honesta y sin ningún tipo de interés personal o de grupo, este país no tendría necesidad de endeudarse tanto, ya que los recursos podrían alcanzar para todos y cubrir las necesidades básicas de la población y se pudiera haber evitado esas grandes emigraciones hacia Estados Unidos de América y no estaríamos preocupados por los cambios de gobierno de otros países, como lo que está sucediendo actualmente con la elección del próximo presidente de Estados Unidos.

En realidad que ya no se puede seguir de esta manera, porque de lo contrario en este país solo se quedarían los delincuentes y los políticos corruptos ya que gran parte de la población honrada y trabajadora tendría que abandonar este pequeño país; pero para evitar esa situación se necesita una nueva clase política libre de todo interés personal, por lo que es necesario que surjan salvadoreños y salvadoreñas comprometidos con rescatar a nuestra patria, que estén dispuestos a trabajar por el buen desarrollo de nuestro país, de tal manera que los ciudadanos y ciudadanas puedan recuperar la confianza y credibilidad en las personas que dirijan nuestra nación y que el nuevo funcionario lleve la consigna de servir y no servirse de su país, sin pensar que tiene que convertirse en millonario por el hecho de ocupar un cargo público de gran relevancia.

Por lo que para empezar sería recomendable que todas aquellas personas que se les haya comprobado que han hecho mal uso de las arcas nacionales que reintegren los recursos a donde correspondan, ya que nuestro país lo está necesitando para cubrir tantas necesidades.

Espero que esta pequeña reflexión sirva para que todos los salvadoreños que ostentan cargos públicos de gran relevancia hagan conciencia de administrar los pocos recursos que poseemos de una manera transparente, justa y equitativa.

Que Dios bendiga y proteja nuestro país de los malos salvadoreños.