¿Tanquetas en la ciudad???

Roberto Cañas

Los habitantes de San Salvador fuimos sorprendidos el lunes recién pasado nos encontramos con tanquetas estacionadas en algunas de las principales calles de  San Salvador, después el gobierno dio a conocer que se trataba de su última operación: Vulcano.

Según la mitología Vulcano nació enfermo, por lo que su madre no lo reconoció ni como su hijo ni como dios expulsándolo del Olimpo. La Operación Vulcano en El Salvador también nació enferma. En general, está en duda en todo el mundo, la efectividad del uso de blindados en zonas urbanas.

Unidades mecanizadas a lo mejor pueden servir para apoyar como base de fuego, la acción directa de elementos de infantería en el asalto de edificios o para profundizar, mediante el fuego, la intensidad del asalto a una posición que se quiera tomar. Pero para enfrentar pandilleros en una urbe densamente poblada  las tanquetas no tienen utilidad.

Si se piensa usar blindados como una forma de intimidación por presencia, es muy discutible, a los delincuentes urbanos no les da miedo ver una tanqueta estacionada en una calle principal de la capital. Las pandillas son territoriales, se organizan en clicas y controlan la actividad criminal en un barrio; es en las colonias donde principalmente operan estas bandas de delincuentes.

No nos engañemos el objetivo fundamental de una operación general anti-pandillas si quiere ser efectivo debe ser la recuperación permanente de los territorios controlados por estos delincuentes.

La policía sabe quiénes son, donde viven y quien colabora con los pandilleros en los territorios, en vez de hacer juegos de guerra, estacionando tanquetas en calles y plazas principales, deberían de irse a las cuadras que los bichos controlan en el Centro Histórico y a las colonias de la capital.

Pretender que no ocurran hechos delictivos, es muy difícil, pero en conjunto con la población se puede, actuando a nivel territorial, ejecutar la modalidad de policía comunitaria que es la que puede articular la responsabilidad compartida de cada salvadoreño con la PNC para comenzar a recuperar la seguridad perdida. Hay que acercar los servicios policiales a la comunidad.

Insisto, la modalidad Policial que funciona, es comunitaria es donde la relación con la población constituye el aspecto central del trabajo; La PNC debería tener presencia fuerte dentro de la sociedad y ocuparse diariamente en tener un funcionamiento preventivo, investigativo, apoyado en un fuerte trabajo de inteligencia.

La policía comunitaria al comenzar a funcionar tendría que establecer dentro de sus objetivos principales el involucramiento de los ciudadanos en la solución de los factores de riesgo de los problemas de competencia policial.

 

La militarización de la seguridad pública no es solución. La respuesta militar para enfrentar la inseguridad no ha funcionado en ningún país donde ha sido aplicada. Además que contraviene el espíritu de los acuerdos de paz. Los acuerdos de Chapultepec estipulan en forma categórica que la misión de la institución armada queda definida como la defensa de la soberanía del país y de la integridad de su territorio.

El Gobierno ha optado por el despliegue de fuerzas militares en las principales calles de San Salvador. La extraña presencia de tanquetas estacionadas en las calles y plazas de San Salvador debe desaparecer y dar pasos al impulso en serio de la policía comunitaria.

14,000 elementos de la Fuerza Armada se encontraban desplegados para apoyar tareas de seguridad, hoy deben ser más. Es vía cantada que el gobierno recibe presiones internacionales para retirar apoyo militar a tareas de seguridad estas presiones seguramente se van a incrementar.

La racionalidad en la estrategia y en las intervenciones debe privar para lograr eficiencia y eficacia en el combate contra la delincuencia. Hay que convertir a El Salvador en un país seguro en el que los ciudadanos venzan el miedo y exista un clima que favorezca el desarrollo económico social del país.

La prevención social de la violencia y el delito debe ser la columna vertebral de la política pública de seguridad. La prevención debe identificar factores de protección de la población que vayan más allá de sacar tanquetas a las calles.

Ya es tiempo que los funcionarios públicos implementen la Policía Comunitaria y trabajen activamente en la integración, organización y participación de los ciudadanos en la recuperación de los territorios hoy dominados por las pandillas. Las posibilidades de éxito de los programas de seguridad dependen en buena medida, del apoyo ciudadano.