Testigos criteriados, un mal necesario, pero…

Jaime Ulises Marinero

Los testigos criteriados son un mal necesario, porque sin ellos muchos hechos delictivos quedarían en la total impunidad. Se lo escuché, durante una audiencia preliminar, a una juez especializada a quien le guardo mucho respeto por su ecuanimidad y profesionalismo.

Sin embargo, los testigos criteriados, que son delincuentes que han participado en un hecho criminal y que para no pagar con cárcel delatan ante la Fiscalía  a sus cómplices, por sí solos no funcionan, si su testimonio no se  complementa con prueba periférica, agregó la referida juez.

En muchos casos los testigos criterios han sido los autores materiales de horrendos crímenes, como homicidios, secuestros, extorsiones,  narcotráfico, trata de personas, privaciones de libertad y otros hechos. Declaran ante los jueces y aceptan que fueron ellos los que dispararon o lesionaron a las víctimas, pero atestiguan que contaron con la colaboración de éste o aquel delincuente. De tal manera que ellos quedan libres y sus cómplices son condenados.

La decisión de darle el beneficio de testigo criteriado a un delincuente es exclusividad de la Fiscalía, lo que en algunas ocasiones no les ha dado resultado, puesto  que a veces los “beneficiados”  con toda intencionalidad mienten para salvaguardar a los otros criminales.

Se han dado casos en los cuales da la sensación de que un grupo de hampones planifican delitos y asignan roles, incluyendo al cómplice que luego buscará ser criteriado. Ya en el juicio rinden un testimonio mendaz o confuso para favorecer a quienes yacen en el estrado de los acusados.  Ante las dudas razonables o falta de otras pruebas periféricas, científicas y objetivas, a veces los jueces no tienen más opción que sobreseer o absolver.

Hace algunos meses un grupo de pandilleros fue absuelto porque el testigo criteriado mintió o declaró hechos que no le constataban o habían ocurrido de diferente manera. Por ejemplo declaró que a la víctima le habían disparado cinco veces, pero la autopsia reveló que la víctima había sido asesinada con arma blanca. Como la Fiscalía no tenía más pruebas que el dicho del testigo criteriado, el juez absolvió a los presuntos criminales. Eso sí, ordenó a la Fiscalía abrir un proceso contra el testigo criteriado, que finalmente fue condenado a cinco años de prisión por falso testimonio.

En otro caso el testigo criteriado en su testimonio aseguró que un pandillero había participado en un triple homicidio en Panchimalco, pero la defensa comprobó que el día y la hora  en que ocurrió ese hecho, el imputado estaba preso en un penal de la zona oriental en donde tenía seis meses de estar purgando una condena. Este mismo testigo involucró en el triple homicidio a un pandillero que había muerto un día antes del  crimen.

En muchos juicios los jueces instan a la Fiscalía a procesar a quienes sirvieron como testigos criteriados porque con sus testimonios no contribuyeron a aplicar justicia, al contrario, enredaron los procesos o generaron más dudas que certezas. En ocasiones el Ministerio Público cae en la “comodidad” de tener a uno de estos testigos y con ello obvian el aporte de pruebas periciales, científicas, documentales o de cualquier otro tipo.

La legislación nacional debe cambiarse. Como dice la juez, los testigos criteriados son un mal necesario, pero las leyes son en exceso benevolentes. ¿Por qué darle la libertad plena o absoluta a un testigo que acepta haber matado a sangre fría? A veces el que tuvo una participación más gravosa en el delito delata a quien tuvo menor participación.

Las leyes salvadoreñas  deben permitir negociar una reducción de pena con el testigo criteriado, pero no permitirle la libertad absoluta. La sana crítica indica, además, que el criterio de oportunidad debe ser para quien tuvo menos participación en el acto criminal. Nuestros legisladores nos deben una reforma  penal en cuanto a testigos criteriados.