¿Tienen oportunidad real las candidaturas independientes en El Salvador?

René Novoa Chacón

 

En nuestro país, la polarización política es una tendencia persistente que beneficia a los partidos políticos con mayor caudal electoral, inhibiendo otras manifestaciones que fortalecerían la pluralidad democrática.

Estamos a menos de un año de las elecciones para concejos municipales y diputados, y los partidos políticos han iniciado los procesos establecidos en la nueva ley de partidos políticos que obliga a estos a celebrar elecciones internas bajos parámetros de equidad y transparencia.

La Constitución establece: “El sistema político es pluralista y se expresa por medio de los partidos políticos, que son el único instrumento para el ejercicio de la representación del pueblo ante el gobierno (art. 85 Cn.). Sin embargo, la Asamblea Legislativa aprobó el decreto 555 (2011) y sus reformas. Entre ellas las disposiciones para la postulación de candidaturas no partidarias en las elecciones legislativas, bajo ciertas reglas que si bien no son del todo equitativas en relación con las que rigen a los candidatos de los partidos políticos, son una oportunidad de la sociedad civil que no ve en los partidos actuales reflejadas sus aspiraciones o la oportunidad de participar en condiciones favorables para el logro de sus derechos y aspiraciones políticas.

Otro elemento importante de este contexto es la percepción de la población sobre los funcionarios públicos, especialmente los diputados que con razón o sin ella, se ven bajo el influjo mediático, cubiertos por un manto de deshonor, corrupción y satanización que es muy difícil de cambiar en la percepción de la población.

Las redes sociales e internet son ahora un instrumento de propaganda más efectivo que los medios tradicionales como el panfleto, la valla o los mítines.

Varios ensayos se están desarrollando en países con mayor desarrollo político de organización expartidaria, como los casos de España y Francia. Las manifestaciones de apoyo se van construyendo sin caer en las tradicionales estructuras partidarias de organización y concentración de la cúpula jerárquica, vertical e impositiva. El proceso no es tan rápido como más de alguno quisiera, porque son nuevas veredas de la dinámica social y política, pero se están tratando de romper paradigmas y creando formas de participación y control social que van a empoderar a la población.

Nuestro país se merece también la oportunidad de impulsar nuevos paradigmas de participación política, aprovechando esas fisuras del monopolio político y esa energía manifiesta que hay en nuestra gente, cansada de los mismos actores de siempre.

Si los jóvenes profesionales, intelectuales, artistas y líderes sociales se decidieran a agruparse e iniciar nuevas formas de abordar al electorado, de presentar propuestas creíbles, innovadoras, honestas, pertinentes y realistas; aprovechando la nueva coyuntura electoral, sería un paso en el proceso de fortalecimiento de la democracia participativa.

El TSE exige para optar a las candidaturas no partidarias de seis a doce mil firmas recolectadas en cuatro meses, de acuerdo con el total de la población electoral departamental, un proyecto de presupuesto para financiar la campaña y otras circunstancias referidas en el decreto 555. Ambas situaciones se pueden lograr por medio de una buena estrategia de relaciones públicas, los usos adecuados de las redes sociales y la gestión de fondos de una manera transparente y consciente.

Es el momento de probar, si la percepción y actitud de la población ante la política tradicional es un elemento de cambio o si son simplemente formas sin trascendencia de manifestar su desagrado.