Son dos personas sentadas en un banco del parque San José, cerca del antiguo cine Vieytez. Son las 9 de la mañana de un día sábado del mes de agosto: uno es Diógenes Mendoza y el otro, Teófilo Salinas. Los dos son vendedores de CD en el centro de San Salvador y están esperando, bajo los árboles, parte de su mercancía; mientras tanto platican, de lo que todo mundo sabe platicar: la situación del país.