Vacunas ‘Pepe Mujica’ para sanar a las izquierdas

Félix Ulloa

El reciente escándalo de corrupción en Brasil, que tiene a Lula a las puertas de la cárcel y a Dilma enfrentando un juicio político (impeachment), nos obliga a preguntarnos: ¿dónde se perdió el rumbo? ¿En qué momento las izquierdas, abanderadas de la honestidad, coronadas por el estoicismo revolucionario, cayeron en la ambición y la codicia, la banalidad y la fruslería? ¿Dónde quedó ese orgullo de nuestra superioridad intelectual y el acervo moral que, en más de alguna ocasión, nos hizo desdeñar a los mediocres y deshonestos ejercicios del poder de las derechas?

La descomposición asomó la cola y el rabo con al asalto a las arcas nacionales en Venezuela, y sentó sus reales con el manejo del estado con los estándares de un despótico páter familia en Nicaragua. Otras decepcionantes experiencias de “gobiernos de izquierda” veríamos después.

Duele que sea la izquierda latinoamericana la que esté dando este deplorable espectáculo. Duele más cuando contamos por miles y miles las vidas entregadas generosamente por alcanzar sociedades más justas que las desiguales y excluyentes organizadas por las derechas, mantenidas a sangre y fuego con sangrientas dictaduras.

¿Qué pasó? ¿Es que la izquierda fue más torpe y no pudo hacer tan bien como la derecha esta defraudación al pueblo? ¿O es que ahora la ciudadanía está mejor informada, más empoderada, y le toca a la izquierda lidiar con esta auditoría ciudadana? No lo sé. Lo único cierto es que hay decepción, frustración. Indignación, porque la llegada al poder por fuerzas de izquierda no resultó ser lo que todos esperábamos.

II

1. Al final de su mandato, en la segunda mitad del siglo XIX, el expresidente Bartolomé Mitre recorría a pie el centro de Buenos Aires. No obstante su agitada vida política, que lo llevó a ser senador y nuevamente candidato presidencial, caminaba tranquilamente por las calles de la ciudad con las manos dentro de los bolsillos rectos de su pantalón, una imagen que más tarde bautizó a ese estilo de bolsillos como los bolsillos “mitre”.

Pero lo que deseamos destacar es la probidad con que Mitre ejerció la presidencia. Fue tan honesto que no tenía casa propia al finalizar su mandato, en 1868. La casa donde se fue a vivir, se la alquiló a Benigno Velázquez Ichollet; y cuando el pueblo se dio cuenta de tal situación, una comisión reunió fondos que el general no podía reunir, compró la casa de un solo piso y se la regaló. En dicho inmueble comenzó a publicarse el periódico La Nación, creado por Mitre en 1870, y hoy es la sede del Museo Mitre, ubicado en la Calle San Martín N° 336 de Buenos Aires.

2. Harry S. Truman, sucesor de Franklin D. Roosevelt, finalizó el cuarto mandato que FDR, al fallecer en 1945, no pudo concluir. Fue electo presidente de 1949 y su gobierno, que terminó en 1953, tuvo que administrar la desordenada reconversión de la posguerra y enfrentar los iniciales desafíos de la Guerra Fría. A pesar de haber sido él quien ordenó lanzar las dos bombas atómicas sobre Japón (Hiroshima y Nagasaki), se le acusaba de debilidad frente al comunismo, por oponerse firmemente a los juramentos de lealtad obligatoria para los empleados gubernamentales. Empezaba la oscura época del Macarthismo.

Al terminar su periodo presidencial se marchó a su pueblo natal en Missouri para vivir en la casa de su esposa, Bess. Una vez fuera del cargo, declinó estar en cualquier nómina empresarial, tampoco aceptó numerosas ofertas para los endosos comerciales. Cuando le ofrecían cargos con elevados salarios, los rechazaba diciendo: “Ustedes no me quieren a mí, lo que quieren es a la figura del Presidente, y esa no me pertenece. Le pertenece al pueblo norteamericano y no está en venta”.

Una vez que Truman abandonó la Casa Blanca, su único ingreso fue su antigua pensión del ejército por $ 112.56 al mes. Hizo un préstamo personal de un banco de Missouri que invirtió en la publicación de sus memorias. Al final sólo recibió un pago fijo de 670.000 dólares, y tuvo que pagar dos tercios de los ello en impuestos; calculó que había obtenido 37.000 dólares después de pagar a sus asistentes.

Cuando el Congreso pretendía otorgarle la Medalla de Honor, el 6 de mayo de 1971, con ocasión de su 87 cumpleaños, él la rehusó, escribiendo una carta que decía: “No considero que haya hecho algo para merecer esa medalla, venga del Congreso o venga de cualquier otra parte. Simplemente cumplí con mi trabajo.” Con mucha ironía, sintetizando la política del Siglo XX, escribió: “Mis vocaciones en la vida siempre fueron ser pianista de una casa de putas o ser político. Y para decir la verdad, no existe gran diferencia entre las dos”.

3. Cuando pensábamos que todo estaba perdido y que el Estado no era más que el botín de los políticos, de sus adláteres y secuaces para hacer dinero fácil, apareció la paradigmática figura de Pepe Mujica. El guerrillero Tupamaro, prisionero político, congresista, electo presidente de Uruguay. Lavar cara a la izquierda sería poco decir del ejemplo de Mujica. Su estatura moral se remonta a los más altos valores y los más sublimes ideales que las izquierdas de este continente han alzado. Desde el balcón del Palacio de la Moneda con Salvador Allende, a las montañas que vieron caer a Camilo Torres, o las calles asfaltadas donde fueron ametrallados estudiantes, sindicalistas, maestros, pueblo en general.

El emblema Mujica podría ser el Volkswagen “escarabajo” celeste de 1987, por el que un jeque le ofreció un millón de dólares; o la humilde chacra donde residió durante su mandato presidencial, pues es la casa donde vivía antes y sigue viviendo ahora. Pero sería recudir su imagen a una austeridad franciscana, buena dentro de los cánones morales del estoicismo.

Pero estamos frente a algo mayor, una nueva ética política. Se trata de un giro copernicano para el ejercicio del poder por parte de las izquierdas. Una revisión de la ética Nicomáquea, que hasta la fecha constituye uno de los pilares fundamentales sobre los que se erigió la ética occidental. Pepe Mujica nos muestra el camino para avanzar con dignidad, con decencia, con inteligencia, con capacidad, con eficiencia, en este siglo XXI.

III

Para que haya gobiernos de izquierdas corruptos, es porque hay empresarios y asesores de las derechas corruptores. En los gravísimos casos de Venezuela y Brasil, los gigantes de la corrupción, ya comenzaron a salir estos nombres y a ser procesados. Los empresarios venezolanos Roberto Enrique Rincón y Abraham Shiera Bastidas, están acusados de violar la Ley de Prácticas Corruptas en el Extranjero, según un comunicado del Departamento de Justicia de Estados Unidos. Ambos aceptaron haber pagado sobornos a altos funcionarios de PDVSA para asegurar la adjudicación de contratos millonarios. Se calcula que obtuvieron ganancias cercanas a un billón de dólares entre los años 2009 y 2014. Fueron detenidos en diciembre 2015 en Estados Unidos.

En el caso brasileño, Marcelo Odebrecht, considerado uno de los hombres de negocio más poderosos, fue condenado a 19 años de prisión por corrupción. Su vínculo con la petrolera estatal Petrobras, también salpica a Zwi Skornicki y Jose Carlos Bumlai e involucra grandes compañías como Camargo Correa, UTC, Mendes Junior, Engevix, Queiroz Galvao, Iesa y Galvao Engenharia, y a políticos de numerosos partidos, entre ellos PP, PT, PMDB, PSDB y PTB.

Así que no todo está perdido. Hay esperanza, se puede rectificar, corregir rumbo. Recomendamos alejarnos de aquellos falsos conceptos de “gobernabilidad” en cuyo nombre se dieron amnistías para pasar páginas sin haberlas leído o se toleraron sobornos, mordidas o coimas del 10% por las IFI, se institucionalizaron comisiones de hasta el 30% en las obras públicas, se traficaron influencias, etc. Habrá que leer de nuevo, releer, entender y practicar los principios que informan en toda su dimensión el pensamiento altruista de la izquierda, el cual se puede resumir en la más grande lección de moral revolucionaria, consagrada en estas imprescriptibles palabras del Che en su carta de despedida a Fidel, cuando salió de Cuba rumbo a Bolivia: “Que no dejo a mis hijos y mi mujer nada material y no me apena; me alegro que así sea. Que no pido nada para ellos, pues el Estado les dará lo suficiente para vivir y educarse”.