Venezuela y la iniciativa política

Dagoberto Gutiérrez

El proceso revolucionario venezolano es el escenario maestro actual de la confrontación planetaria entre la revolución y la contra revolución. En esa lucha, el capitalismo mayoritario del bloque latinoamericano, de Estados Unidos y Canadá, y de la Unión Europea, ha quebrado las lanzas contra Venezuela, y se trata de una lucha en que este bloque ha renunciado abiertamente a los antiguos principios políticos de la democracia burguesa planetaria. Esto significa que estamos frente a un momento que apunta a una especie de fascismo que, como en los mejores momentos del hitlerismo alemán, se enterró todo lo que pudiera oler a humanidad.

Contra Venezuela se usa la figura de la dictadura, y hoy se llama así a un proceso político que ha consultado al pueblo y ha hecho elecciones y votaciones mucho más que nadie en el continente. Sin embargo, a esa democracia que hasta hace poco tenía un altar en el santoral burgués, hoy es dictadura. Por supuesto que esa democracia-dictadura venezolana no solo es representativa sino que es participativa y protagónica, y así, sin dejar de construir la representación, el proceso asegura, como nunca antes, la participación del pueblo y el protagonismo del mismo. Pues bien, todo esto es, para ese capitalismo al que me refiero, simplemente dictadura.

Ese bloque también levanta la figura del terrorismo y así, el gobierno de Maduro es terrorista cuando la guardia bolivariana y el ejército vigilan las manifestaciones opositoras, cuando especifica las responsabilidades por las muertes ocurridas en esas manifestaciones. Cuando el ejército bolivariano soporta ataques y agresiones a bases militares como La Carlota, en Caracas. Es también terrorista cuando los manifestantes opositores bloquean calles, cierran negocios y llegan hasta darle fuero a cualquiera que parezca ser chavista. A todo esto, hoy se le llama terrorismo gubernamental.

La oposición al gobierno resulta ser un abigarrado número de pequeños diferentes y confrontados grupos que, carentes de alguna propuesta política para Venezuela, adoptaron la línea de derrocar al gobierno de Maduro, mediante el referéndum revocatorio, sin contar para ese afán con la fuerza política y organizativa necesaria para superar los fuertes requisitos constitucionales que esa figura exige. Desde un principio renunciaron al manejo de la asamblea legislativa con todos los procedimientos que esta tiene en la constitución, y se convirtieron rápidamente en la fuerza de choque de la peor derecha suramericana, norteamericana y europea. A estas alturas, está bastante claro que esos grupos llamados opositores son simplemente el instrumento de justificación de una intervención militar en Venezuela para ahogar en sangre ese proceso y aniquilar físicamente a todas las figuras, fuerzas y personajes que en Venezuela respaldan y alientan la revolución.

Hay que precisar que esa revolución bolivariana expresa la alianza entre el ejército bolivariano y el pueblo. También hay que precisar que fue Hugo Chávez quien supo catalizar e incorporar el pensamiento de Simón Bolívar en unas fuerzas armadas con razones suficientes y poderosas para abrazar y respaldar lo que signifique para Venezuela soberanía, independencia y autodeterminación frente a cualquier fuerza o interés que busque sojuzgar a la nación. Por eso, Simón Bolívar es el pensamiento y el ejemplo vital para todo soldado patriota.

Hay que destacar que, hasta ahora, la burguesía venezolana y el gobierno estadounidense han sido incapaces de promover golpes de Estado en Venezuela, y a estas alturas también está claro que la disolución de las fuerzas armadas venezolanas es un propósito de cualquier programa que toda contra revolución necesitará cumplir en Venezuela.

El capitalismo planetario y otros sectores odian al proceso venezolano en la misma medida en que le temen, justamente porque es un proceso con capacidad de movilizar, organizar y formar al pueblo en torno a un proyecto popular. Es un proceso que recuperó para Venezuela el petróleo y todas las ingentes riquezas naturales que anteriormente eran propiedad de Estados Unidos y de otras potencias. Es un proceso que respalda a la Cuba revolucionaria y en donde los dos líderes más representativos: Fidel Castro y Hugo Chávez construyeron una relación de franca hermandad.

Es un proceso en donde la democracia es, además de política, económica, cultural, social y abarcante de la vida toda de los seres humanos. Este es un proceso con alianzas geopolíticas planetarias: con Rusia, China, Irán y otros pueblos del mundo, sin el control y contra el control tradicional de los Estados Unidos. Es un proceso que motoriza el pensamiento de Bolívar de unir a América para que sea independiente en el terreno comercial, económico, político, regional e internacional, frente a cualquier imperio. Todo esto significa un ejemplo para el continente y un camino en el que los pueblos diversos de Latinoamérica tienen una ruta segura y digna. Ese es el ejemplo que la reacción internacional intenta aplastar y ahogar en sangre.

Durante 3 meses, la derecha planetaria organizó, financió e impulsó el control de las calles de manera violenta, trabajando simple y sencillamente para derrocar al gobierno y éste fue el único motivo y estandarte de estas fuerzas, sin intentar tan siquiera atraer a nuevos sectores y convirtiendo sus manifestaciones en escenarios de vandalismo, muerte, cortes de calle, encierro de pobladores, incendios y amenazas, y aun cuando todo esto era presentado como democracia por un bloque reaccionario de la OEA, por la Casa Blanca de Washington y por gobiernos europeos, la verdad es que este mismo bloque que ha tenido la mayoría en la asamblea legislativa, sufrió fisuras y quiebres en este proceso.

Cuando el gobierno de Maduro propone la asamblea constituyente como salida a la crisis, echó mano de un recurso de plena constitucionalidad, ante el cual, los grupos contra revolucionarios no supieron que hacer y continuaron su vandalismo, ignorando lo que ocurría en el país. Por supuesto que rechazaron participar en el proceso, y así, el gobierno realizó la campaña política necesaria, convocó a las elecciones pertinentes, organizó las votaciones del domingo 30 de julio, con masiva asistencia, con más de 8 millones de votantes, se eligió la asamblea constituyente en las narices de la Casa Blanca, de la Unión Europea y de la derecha continental; mientras, esta oposición vandálica intentó vanamente impedir las votaciones.

La asamblea constituyente está instalada y siendo el poder originario, tal como lo establece la doctrina del derecho burgués desde la revolución francesa, resulta que en estos momentos la iniciativa política está en manos de la revolución venezolana, y las fuerzas, grupos o individuos que estén fuera de ese torrente constitucional, estarán abierta y flagrantemente en el terreno de la ilegalidad y la ilegitimidad. Se trata de una especie de jaque mate en una escuela política con matricula abierta a todos los pueblos del continente para aprender a ser fiel a los compromisos que se contraen con el pueblo, a usar el poder de manera subversiva y a pensar y a actuar popularmente.

En las próximas semanas o días veremos un escenario diferente al de los meses anteriores y el proceso venezolano podrá avanzar profundizando la revolución y adecuando el sistema jurídico al sistema político. No hay que olvidar que el derecho es la organización jurídica del poder político y éste resulta ser siempre la madre del cordero.